JORGE SMITH, Chimbotano con C de Calidad y Cultura.

JORGE SMITH


EL Dr. Jorge Smith quién es colaborador de AGENDA desde hace dos años. Es dueño de una extraordinaria versatilidad de conocimientos sobre psicología, arte y otras disciplinas, sobre las cuales ha escrito profusamente en diarios y revistas. Su reflexión también sobre la identidad chimbotana y ancashina es muy rica, como nos la transmite en el curso de esta entrevista. Jorge también es un infatigable defensor y propagador de la presencia ancashina en nuestra capital y en cualquier lugar, tanto en sus escritos como en actividades institucionales y académicas. Como psicólogo que es, él tiene la socrática habilidad, de que quien hace las preguntas al final termine siendo entrevistado. 

¿Naciste en Chimbote? 

Si, nací aquí, pero mis padres eran huaracinos, por lo mismo me siento no solo chimbotano sino ancashino. Desde niños mis padres nos llevaban siempre a Huaraz, donde solíamos pasar las vacaciones escolares de Julio por Fiestas Patrias. Recuerdo como toda una aventura el viaje en tren desde Chimbote a Huallanca... Yo dormía en el cuarto de mi abuelita que era un cuarto gigantesco, lleno de los objetos más diversos y sobre todo de instrumentos de música, que ella alquilaba o a veces prestaba a los músicos los fines de semana. Me pasaba mucho rato contemplando esos complejos instrumentos de viento, con manijas de todo tipo y que luego escuchaba ser manipulados con mucha destreza por las bandas que había en las calles o en los desfiles esos días de Fiestas Patrias... descubrí la realidad del mundo indígena, ese mundo masivo pero al mismo tiempo casi invisible y anónimo. Casi todos los indígenas que vivían en Huaraz eran campesinos. Mi abuela tenía mucho trato con ellos pues era terrateniente. Mis dos abuelas además hablaban el quechua muy bien y me fascinaba verlas navegar con tanta facilidad entre dos mundos. 
Mi niñez transcurrió en forma muy feliz en ese mundo de los años 50 y cuando había que hacer la secundaria mi padre, quien fue abogado, decidió que estudiásemos en Trujillo, lo cual fue una decisión muy positiva, pues la oferta escolar esos años en Chimbote era todavía muy limitada.... Trujillo no era una ciudad efervescente y llena de gente que se buscaba un nuevo destino como Chimbote, sino una ciudad con estratificaciones sociales bastante rígidas, pero que siempre fue pionera de movimientos culturales muy importantes. No olvidemos que César Vallejo y Haya de la Torre eran de allí. En Trujillo viví en un internado, creo que la disciplina y el uso racional del tiempo se lo debo a los hermanos marianistas que nos enseñaban. Salvo los cursos de Lengua y el de Historia del Perú, toda la educación era en inglés, lo cual era extraordinario en una ciudad de provincia. Cuando estando en el colegio en un intercambio viaje a vivir unos meses con una familia y estudiar en un colegio en Chicago, en los Estados Unidos, vi que me podía desenvolver muy bien en ese idioma y lo importante que era poseer esa herramienta para mi vida profesional ulterior. Chimbote y Ancash, tienen una gran importancia para mí, pues allí se formaron mis referentes primigenios que en la vida son esenciales. En mucho mi sensibilidad es muy ancashina, en otras cosas no. Por ejemplo te parecerá extravagante que no me guste mucho el pescado y menos aún los mariscos y que pese a tener una genética huaracina, no me guste comer cuyes. Imposible decirte por qué pues lo único en común los cuyes y los mariscos es que ambos se suelen comer con las manos, lo cual aborrezco. 

¿De dónde viene tu interés por estudiar psicología? 

Mi padre solía inculcarnos la lectura y nos paraba comprando enciclopedias de todo tipo, sin quererlo comenzó a suscitar en mi un gran interés por la psicología y el mismo hecho de vivir en Chimbote rodeado de tanto extranjero con diferentes formas de pensar y sus diversas costumbres... Me parecía increíble que los seres humanos puedan ser tan diferentes. Mi interés por la psicología viene en realidad, de descubrir la extraordinaria diversidad de lo humano. El ejercicio profesional de la psicología, sobre todo la terapia años después me hizo descubrir como debajo de esa diversidad aparente, los seres humanos son siempre iguales, en sus miedos y obsesiones. 

¿Haciendo un balance que crees que te ha aportado vivir en diversos países como Francia, Alemania o Estados Unidos? 

Evidentemente mucho, sobre todo Francia, donde hice prácticamente toda mi formación universitaria. El nivel de la Universidad de Paris en los años 70 y 80 era único. Sobre todo en las ciencias humanas. En esos años vivían todavía y daban conferencias los últimos penseurs, los maestros pensadores cuyas ideas todavía nos influencian, no solo en Perú sino a todo el mundo occidental. Me refiero a Sartre, Levi Strauss, Barthes, Foucault y tantos otros genios de una generación que no se volverá a repetir. Mi formación intelectual es por lo mismo muy francesa, pero creo que mi sensibilidad artística es bien peruana, bien latinoamericana, aunque coincido mucho con la sensibilidad alemana. La música alemana en mi caso no es solo un vicio, es casi una enfermedad. Puedo pasarme horas de horas escuchando óperas de Wagner o Strauss o las sinfonías de Mahler. Debo admitir sin embargo que tuve la suerte de vivir en Europa en un momento que era también el momento del canto del cisne, los últimos fulgores artísticos e intelectuales de una civilización que ya había comenzado a entrar en una cierta decadencia. Ahora el centro de la creatividad artística e intelectual, es Nueva York o Berlín, pero ya no lo es Paris. Me encantó vivir un tiempo en Nueva York en los años 90. Es la ciudad que ahora más me gusta y la visito cada vez que puedo. A diferencia de lo que se cree, los newyorkinos son agradables, solidarios e informados sobre su ciudad. 




 ¿Desde cuándo te interesa el arte? 

Siempre me interesó, al inicio mi interés estaba ligado a la arqueología. La literatura alemana, sobre todo la de los escritores románticos fue un gran descubrimiento para mí cuando estudie letras en la Católica. La música germánica ya la había descubierto, gracias a la colección de discos de mi padre que siempre escuchaba en Chimbote. Beethoven y Mozart sobre todo, han sido una compañía esencial a lo largo de mi vida y lo seguirán siendo mientras viva. Aunque tuve una excelente formación de psicología en Paris, creo que siempre más aprendí sobre las contradicciones que hay dentro del ser humano escuchando las óperas de Wagner o de Verdi y ningún manual de psicología femenina nos hacer comprender tanto sobre las dudas y los celos de las mujeres como las óperas de Mozart, "Cosi fan tutte", "Don Giovanni" y "Las Bodas de Figaro". Todo lo que buscamos comprender sobre el impacto psicológico del dolor o la alegría, de la separación o la pérdida, del amor en todas sus formas está allí, vestido además con el ropaje de su inspiración divina. Es un misterio como Mozart, este hombre que murió a los 35 años pudo lograr reflejar con tal maestría lo que acontece en el alma de las personas. Puccini también lo logra en algunos momentos, pero no al nivel de Mozart. 


¿Qué tipo de personas admiras?

 A veces más que admirar a una persona, uno no puede evitar admitir que se siente bien con la presencia de esa persona. Hay un error de creer que solo las personas que hacen cosas extraordinarias son sujetas de admiración. A veces en el trato cotidiano te decepcionas de personas que admirabas. Debo admitir que más a gusto me siento con personas que posean una gran sensibilidad cultural o artística que con colegas que sean extraordinariamente analíticos en el plano intelectual. La persona sensible gusta de compartir y con ellas me siento a gusto, además poseen una gran capacidad de sarcasmo y de ironía. Las personas demasiado analíticas, muchas veces buscan ganar, competir o acaparar espacios o de tener el argumento contundente. A estas últimas tengo necesariamente que frecuentarlas siempre en la vida académica. Siempre están apuradas, utilizan las cosas, no las disfrutan y además tienen el mal gusto de estar chequeando todo el tiempo su smartphone esperando la llamada de no sé quién. Se toman muy en serio. Mi temperamento es otro. Creo que nunca me aburriría de pasar horas enteras conversando contigo, o con Silvia Diestra que es promotora cultural, con Irene Meza que es bailarina de ballet o Maria Foust que es violinista. Creo que todas ustedes a pesar de ser extremamente productivas cada una en su campo, no pierden la capacidad de asombro frente a lo nuevo, no se auto prohiben soñar y por lo mismo son unas mutantes de lo que serán las mujeres del futuro, vehementes y a veces obsesivas pero sin por eso dejar de irradiar una inmensa empatía. Me gustan las personas empáticas y por eso estoy disfrutando de este diálogo, que es más un diálogo que una entrevista. 



¿Siempre apoyas actividades culturales en Lima ligadas a Chimbote? 

Lo he hecho en diversas formas como Director del Centro Cultural de la Universidad Peruana de Arte Orval, con exposiciones sobre diversos temas y presentaciones de libros ligados a Chimbote. Lo siento como un deber, la extraordinaria labor que lleva adelante el Centro Centenario que es una experiencia única en la cual el sector privado apoya actividades permanentes como una orquesta y tenemos el privilegio que esta experiencia se esté haciendo en Chimbote y que debería repetirse en otras ciudades del país. La labor del Centro liderada por Silvia Diestra es una experiencia única. Haber logrado sacar adelante una orquesta Sinfónica Infantil Juvenil en tan pocos años es algo fuera de serie. Los conversatorios y debates como el que están haciendo sobre políticas culturales es de altísimo nivel. Silvia está poniendo una valla bastante alta. 


¿Eres optimista sobre el futuro de Chimbote en el corto plazo? 

Definitivamente que lo soy. Creo además que Ancash vive un momento de gran efervescencia creativa y los contenidos de las obras que se producen tienen un carácter casi épico. La cantidad de publicaciones y tendencias culturales es muy grande y variada. La labor pionera de ese gran promotor cultural chimbotano que fue Jaime Guzmán ha dado sus frutos y otros están siguiendo su ejemplo. José María Arguedas ensalzó en una forma ambigua a Chimbote en su última obra. "Más conozco Chimbote, menos lo comprendo", solía decir, pues le desconcertaba este crisol humano donde coexisten la frustración y la esperanza, la innovación y el desasosiego. La obra de Oscar Colchado, ''Hombres de mar", al retratar una especie de Macondo ancashino, retrata una ciudad y una sociedad que dispara en diversas direcciones, una sociedad que está sufriendo una profunda mutación, cambiando sus matrices productivas que ya no pueden estar basadas solo en la pesca como en otros tiempos. Creo que el último descalabro institucional reflejado con lo que ocurrió en el gobierno regional, con su secuela de corrupción política indica que ya habíamos tocado fondo y eso ya lo intuían sobre todo los artistas. Creo que estamos ad portas de un gran  renacimiento ancashino. Voy frecuentemente a  Huaraz o vengo a Chimbote y lo noto. Esa capacidad  contenida de renovarse está al borde de brotar. La  notas quizás sobre todo cuando vienes de afuera.  Cuando estas dentro de la misma estructura, en el día  a día es difícil darte cuenta. Hay un deseo de volver a  darle vida a antiguas instituciones, de valorizar espacios turísticos en Chimbote, la gastronomía  chimbotana se consolida cada vez más. Todo eso  refleja una recuperación de la autoestima.  



Para terminar ¿Qué cosas te hacen feliz? 

Lo que más placer me ha dado en la vida es escuchar un concierto de la Filarmónica de Berlín en vivo. Cada vez que la he escuchado me parecía estar presente frente al big bang, frente a la creación del mundo por su majestuosa y contundente belleza como también soy la persona más feliz cada vez que recibo una foto de mi nieto. Ahí tienes una cosa muy compleja y otra muy simple que me hacen feliz. 
No tengo prejuicios, ni actitudes negativas sobre nada. Trato de extraerle algo positivo a cualquier experiencia y al igual que los toreros trato de sacarle un par de pases al peor toro. Igual con el arte que es mi gran debilidad: puedo pasar tres o cuatro horas escuchando una ópera de Wagner con un amigo, pero no tolerar más de 15 minutos de estar en un lugar donde haya música ruidosa y estridente. 



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